Cuentos encaderados -relatos

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Cuentos encaderados, relatos. Editorial Forja, Chile 2014.-

cuentosencaderadosPortada del eBook e impresión bajo demanda.

RECONOCIMIENTOS:

-SEGUNDO Lugar en International Latino Book Awards, Categoría: Best Focused Latino Book, Spanish. Estados Unidos,2016.

-TERCER Lugar en Primer Certamen Literario RumoreRumore y Ediciones Mundo Lumpen, Categoría Mejor Escritor. España, 2015.

DISPONIBLE EN AMAZON, BARNES AND NOBLE, LIBRERÍA ANTÁRTICA, LIBRERÍAS DE CHILE, ESPAÑA Y ARGENTINA.

MUESTRA DE 1ER CUENTO.-

Copenhague

LA MAÑANA ESTABA radiante, “como pocas” reflexionó mi tía, mientras me invitaba a tomar la bicicleta y visitar el “Lope”. Yo estaba dispuesta a todo, ya que Copenhague era una ciudad maravillosa, con puentes, ríos, árboles y bicicletas. Copenhague no era el reino de los vikingos, sino de las ruedas. Así es que acepté. Mis anfitriones guardaban un vehículo extra y estaban siempre esperando la oportunidad de ofrecérselo a alguien. Ese alguien era yo, la sobrina que había abordado doscientos aviones para llegar a verles.

-Hagas lo que hagas, no quites la vista del frente –había dicho mi tío.

-Los autos te van a dejar pasar primero –había agregado mi tía.

Pensé que esas instrucciones serían suficientes. Hacía años que no montaba el dichoso aparato, pero cuando niña era bastante buena. “¡Qué más da!, estoy en Dinamarca”, me dije, dispuesta a salir a pedalear y conocer el tan afamado “Lope”.

Bajamos de su departamento a la calle y yo esperé ahí afuera, mirando la gente pasar con semi sonrisas. Los daneses parecían buena gente, la mayoría vestía de negro en pleno verano (o lo que dura el verano allá, un par de semanas). Sopló el viento frío y recordé que mis huesos provenían de tierras más cálidas. Me subí el cierre de la chaqueta rabiosamente amarilla que mi tía me había facilitado y esperé con paciencia y con sonrisa completa, hasta que ellos vinieran de su bodega con las bicicletas.

-Listo –dijeron al unísono y me entregaron el vehículo con decoraciones rojas.

-¡Es muy alta! –dije, al intentar sentarme en el sillín que ahora parecía instalado arriba de un gran caballo.

-Así son las bicicletas aquí, pero ya te arreglo el asiento –dijo el tío.

Todavía me pellizcaba por estar allí, en la capital danesa, gracias a trabajo duro, ahorros y también una buena cuota de lágrimas, tema que yo lanzaba a los márgenes de mi mente para no dramatizar esa calle tan linda y plagada de gente tan guapa. Mi única gran aspiración era olvidar lo que había dejado atrás, al otro lado del océano, aquello que me había provocado alergias innúmeras y secado el alma.

-Está bien –les dije alegre– ¡Vamos!

Haciendo equilibrio sobre la bicicleta, apenas rozando el suelo con la punta del pie izquierdo, les esperé a que se acomodaran en las suyas. Ambos rondaban los cincuenta años, yo los treinta, pero contaban con una agilidad que los montó en las bicicletas más rápido de lo que yo había anticipado. Ambos, también, eran mucho más bajos de estatura que yo. Y sin embargo, con destreza, maniobraban volante y pedales para balancearse.

-Sígueme –dijo el tío.

-Y yo voy atrás –añadió la tía.

Siempre me consideré buena alumna. Si la psicóloga de turno me mandaba a llorar, así yo lo hacía. Si el jefe me pedía café para toda la comitiva, ahí yo malabareaba tazas y platos para satisfacerle. De tal modo que el “sígueme” y “voy atrás” me parecieron el documento notarial de mi seguridad. Olvidé los temores que aún me apretaban la garganta y partí.

La bicicleta se ladeaba incesantemente. Pensé que era mentira eso de que si aprendes una vez, no te olvidas nunca. Me puse a escribir un texto imaginario sobre el tema. Empezaba así: “Cuenta la voz popular que cuando un individuo aprende a usar la bicicleta, jamás lo olvidará…”

PRÓLOGO:

Aceptemos el juego, el pacto de lectura que este volumen de cuentos propone, y pensemos en las caderas. Hombres y mujeres tenemos caderas, pero en las mujeres adquieren una connotación especial. Su forma sinuosa y el vaivén con que se mueven al caminar, les dan un lugar destacado dentro de los múltiples rasgos que definen “lo femenino”. Y por ahí, justamente, tenemos una de las primeras entradas al texto: se trata de relatos en los que las mujeres toman un rol protagónico. Son mujeres fuertes, astutas y con una historia que contar. Y con caderas, por cierto, porque el cuerpo es la página en que estas historias se graban: las palabras se inscriben en la piel, con sudor y sangre si es necesario.

No importa si el escenario es Rumania, Copenhague o Valparaíso: el tiempo se detendrá por un instante, el suficiente para que estas voces puedan hacernos llegar su historia. El porqué lo hacen, nos lleva a otra de las hebras que debemos seguir: son personajes que están en búsqueda de su origen, de su identidad, lo que no es nada sencillo cuando la historia familiar tiene fisuras acalladas con violencia. Estos pliegues han dado origen a mujeres que se reconocen fuera de lugar, descentradas. Una de las narradoras de Añañuca-Chachacoma hace explícito este sentir: “Sé que soy otra, que traigo adentro un paisaje distinto. Que tengo una marca que es de alguien que no conozco”. Ese sentirse siempre extranjero, ese desplazamiento, será patente también en Copenhague, en la pareja que sobrelleva la nostalgia gracias al rito de recorrer un lugar como si se tratara de otro, o –con un sentido distinto, más cotidiano–, en la necesidad de encajar, de sentirse “menos rara” que vemos en la joven periodista de Reportaje.

Esa búsqueda se encamina irremediablemente tras la huella de una genealogía femenina. La respuesta a todo ese vacío está en esa madre que no se conoció, pero que se intuye; en la presencia fuerte de la abuela, en el recuerdo lleno de culpa en torno a la hermana, en tanto que las figuras masculinas ocupan un rol secundario (como el padre alcohólico de Octavia, que pasa inconsciente la mayor parte del tiempo), antagónico (como el marido violento que entierra en vida a su esposa en La sangre y la huida) o, en el mejor de los casos, apocado, como el marido sin voluntad que Marcelita escoge y que, simplemente, “se deja hacer” (El divertimento de Marcelita). Es claro que la salvación no está en el amor romántico, sino en ese otro lazo, infinitamente poderoso, que se transmite de madres a hijas, generación tras generación, y que lleva, por ejemplo, a Teresa (La sangre y la huida), a ir más allá de lo que ella misma imaginó.

Como símbolo de esa genealogía surge el tercer hilo que quiero destacar: la sangre. Estas mujeres sangran porque están heridas, porque están pariendo o porque están menstruando (o simulan hacerlo, si es necesario). Y en esos actos, parir y menstruar, tan propios e íntimos de la mujer (y que están, por cierto, “encaderados”), se va gestando una fuerza y un poder distinto al hegemónico. De esas sangres se nutrirán las mujeres para ir escribiendo una historia secreta que tarde o temprano se dará a conocer, que les permitirá recuperar sus vidas y, por sobre todo, hacerse de un lugar propio.

Para terminar, volvamos al juego inicial: las caderas. Pueden ser una eficiente arma de seducción (si no, pregúntenle a Marcelita, cuyo “cadereo” al son de la salsa le valió un marido), pero también pueden convertirse en el recipiente en que Añañuca conserva una rabia ancestral. Interesante que no sea el corazón la parte del cuerpo elegida, sino esta otra, lateral y al centro, que nos da firmeza pero que también se disloca, se desplaza, se fractura.

La invitación es, entonces, a disfrutar de estos cuentos: a reír (y sorprendernos) con la encantadora Marcelita, a desentrañar el secreto de Suan, a pensar qué habrá sido de Octavia, por citar sólo algunos de los relatos. Y quedamos, por cierto, a la espera de los próximos dos volúmenes que nos promete la autora, apostando de antemano a la calidad narrativa a la que ya nos tiene acostumbrados Andrea Amosson.

-Claudia Martínez Echeverría. Doctora en Literatura, Pontificia Universidad Católica de Chile.

RESEÑA DE LEER LIBROS

Reseñador: Manuel Márquez Roon
Edad: 34 años
Nacionalidad: Mexicana

Uno se pregunta cómo hablar de los temas más difíciles, de los que se callan y tienden a esconderse por su complejidad, su repercusión, o simplemente porque quedan en un olvido simulado; Andrea en “Cuentos Encaderados” nos da la respuesta, con un manejo perfecto de la narrativa y la descripción nos lleva a conocer las historias de esas mujeres de caderas. Nos lleva a sufrir con la pérdida y el reencuentro de una madre con su hija en Añañuca-Chachacoma, relato donde por cierto la prosa se convierte en casi un poema.

Qué decir de la Sangre y la Huida, o de Loretta, que relata la historia de su hermana Octavia, y la manera en cómo este recuerdo la ha perseguido desde Rumania hasta Chile. Hablar de la tristeza del exilio y de la dictadura chilena se puede contar con un simple paseo en bicicleta, como lo hace en Copenhague.

Pero Andrea no sólo nos ofrece relatos tristes y duros, también nos hace reír con las ocurrencias de Marcelita y su esposo, el flacucho Alejandro, de su encuentro, de su embarazo “ficticio pero muy real”; y cierra con broche de oro, con el relato de Suan, quien se cuestiona por qué usa faldas.

“Cuentos Encaderados” es un reflejo del historial periodístico de Andrea Amosson, se nota en cada palabra, en cada oración, en cada párrafo; narra atinadamente cada uno de los acontecimientos y resalta aquellos aspectos de la historia que sabe llamarán la atención del lector. Sin duda alguna es un excelente libro, ampliamente recomendado para todo lector, tenga o no tenga caderas, pues lo llevará por una montaña rusa de emociones que lo dejará con la sensación de que el viaje tiene que continuar con la segunda entrega de los cuentos, de esos cuentos con caderas.

Puntuación: 5/5

RESEÑAS:

Leer Libros Online

Good Reads

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Mujer y Punto

Revista Nueva Mujer: libros recomendados.

Publimetro: Toma Nota en Libros

MULTIMEDIA:

Audio promocional de Cuentos encaderados

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Corto promocional: lectores

PRENSA:

La Nota Latina: Chilena nominada a importante premio

Arizona Latinos

Diario La Segunda: “Ha sido un trabajo de hormiguita”

Radio Cooperativa: Escritora chilena obtuvo importante premio

Portal de noticias MQLTV: Ídola, escritora chilena Andrea Amosson

Periódico El Hispano News: Escritora chilena nominada

Radio Bío Bío: Andrea Amosson obtiene segundo lugar en importante premio literario en EE.UU

Portal Mujeres y Más -entrevista-: “Andrea Amosson: Las mujeres tenemos un deseo universal de desarrollarnos en nuestros roles elegidos sin privaciones ni límites”

Revista Castaña: Escritora chilena obtiene segundo lugar en importante premiación en Estados Unidos

El Nortero: Escritora antofagastina triunfa en Estados Unidos

El Espectador: Nominada a premio de literatura

Portal Madres Primero: Escritora chilena obtuvo premio

Portal Hoy Chile

National Museum of Women in the Arts, Capítulo Chile

 

 

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